El enlutado mundo que habitaba
hora es cielo que mi frente pisa.
(Si se apagaran todas
las uvas de la viña
o se muriera el pan
en las espigas,
este incendio frugal de mi esperanza
en otra tierra se levantaría.)
“Canción”. María Elena Walsh,
en: De Otros poemas.
El 11 de septiembre nos convoca de manera especial: el día de las maestras y los maestros que habitan las escuelas, que dan sentido a las aulas, los pasillos y los patios, que acercan maravillosas formas de conocer el mundo, con conocimientos y experiencias que transforman a quienes hospedan. Por eso, en esta fecha agasajamos su labor incansable y cotidiana, sus luchas, sus resistencias y sus cuerpos abiertos a instituir la educación como una transitable frontera.
Es quizás esta efeméride mucho más que un acontecimiento de nuestro calendario escolar, es un momento para detenerse a pensar y reconocer el trabajo de tantas mujeres y hombres que con sus prácticas docentes escriben la historia, que acompañan a las infancias y también a los adultos, ofreciendo con afecto sus saberes, sus manos, sus miradas y escucha atenta, que sostienen la inclusión y no abandonan el esfuerzo, muchas veces más allá del viento.
Son ellas, son ellos quienes llegan en auto o en bicicleta, en colectivo o en zapatillas todos los días a las escuelas y con tizas, libros o celulares nos enseñan y demuestran que la vida compartida es más linda, que hay un lugar que nos espera. Están siempre y en todas partes, en la ciudad y en el medio rural, en el hospital y en la cárcel, atentos y comprensivos, aguardando el momento del encuentro. Con sonrisas nos acogen y ponen la vida en movimiento, no descansan porque saben que hay poco tiempo.
A las maestras y maestros, colegas, compañeras y compañeros, coformadoras y coformadores, egresadas y egresados, y a nuestras y nuestros estudiantes, en quienes transmitimos los anhelos de las herencias, un fraterno agradecimiento, porque sus huellas perduran en quienes somos y en lo que hacemos, porque ofrecen esperanzas que provocan incendios, porque iluminan los cielos que recorremos y porque ese estar siendo transforma, y esa sola razón sintetiza lo esencial de vuestra tarea.
A todas y todos ¡Muy feliz día!
Ilustración de Pablo Bernasconi